Skip to main content
 

 

Donation/Donacion

Lecturas Dominicales 

Leccionario Dominical

Quinto Domingo después de Epifanía

Año B • Epifanía 5

Isaías 40:21–31

Salmo 147:1–12, 21c loc

1 Corintios 9:16–23

San Marcos 1:29–39

La Colecta

Líbranos, oh Dios, de la esclavitud de nuestros pecados, y danos la libertad de esa vida abundante que nos has manifestado en tu Hijo, nuestro Salvador Jesucristo; que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.  Amén.

Primera Lectura

Isaías 40:21–31

Lectura del Libro de Isaías

¿Acaso no lo sabían ustedes?

¿No lo habían oído decir?

¿No se lo contaron desde el principio?

¿No lo han comprendido desde la creación del mundo?

Dios tiene su trono sobre la bóveda que cubre la tierra,

y ve a los hombres como si fueran saltamontes.

Él extiende el cielo como un toldo,

lo despliega como una tienda de campaña.

Él convierte en nada a los grandes hombres

y hace desaparecer a los jefes de la tierra.

Son como plantas tiernas, recién plantadas,

que apenas han echado raíces en la tierra.

Si Dios sopla sobre ellos, se marchitan,

y el huracán se los lleva como a paja.

El Dios Santo pregunta:

«¿Con quién me van a comparar ustedes?

¿Quién puede ser igual a mí?»

Levanten los ojos al cielo y miren:

¿Quién creó todo eso?

El que los distribuye uno por uno

y a todos llama por su nombre.

Tan grande es su poder y su fuerza

que ninguno de ellos falta.

Israel, pueblo de Jacob,

¿por qué te quejas? ¿Por qué dices:

«El Señor no se da cuenta de mi situación;

Dios no se interesa por mí»?

¿Acaso no lo sabes? ¿No lo has oído?

El Señor, el Dios eterno,

el creador del mundo entero,

no se fatiga ni se cansa;

su inteligencia es infinita.

Él da fuerzas al cansado,

y al débil le aumenta su vigor.

Hasta los jóvenes pueden cansarse y fatigarse,

hasta los más fuertes llegan a caer,

pero los que confían en el Señor

tendrán siempre nuevas fuerzas

y podrán volar como las águilas;

podrán correr sin cansarse

y caminar sin fatigarse.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

 

Salmo 147:1–12, 21c loc

Laudate Dominum

1   ¡Aleluya! ¡Cuán bueno es cantar alabanzas a nuestro Dios! *

         ¡Cuán agradable es honrarle con loores!

2   El Señor reconstruye Jerusalén; *

         a los desterrados de Israel recoge.

3   El sana a los quebrantados de corazón, *

         y venda sus heridas.

4   Cuenta el número de las estrellas; *

         a todas ellas llama por su nombre.

5   Grande es el Señor nuestro, incomparable su poder, *

         infinita su sabiduría.

6   El Señor levanta a los humildes, *

         mas humilla hasta el polvo a los malvados.

7   Canten al Señor con acción de gracias; *

         toquen el arpa a nuestro Dios.

8   El cubre los cielos de nubes, *

         y prepara la lluvia para la tierra;

9   Hace brotar la hierba en los montes, *

         y plantas verdes para la humanidad.

10 Da alimento a los ganados, *

         y a las crías de cuervo que graznan.

11 No se deleita en el vigor del caballo, *

         ni se complace en la fortaleza del hombre.

12 Se complace el Señor en los que le veneran, *

         en los que confían en su gracia y favor. Aleluya!

La Epístola

1 Corintios 9:16–23

Lectura de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios

Para mí no es motivo de orgullo anunciar el evangelio, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Y ay de mí si no lo anuncio! Por eso, si lo hiciera por propia iniciativa, tendría derecho a una recompensa; pero si lo hago por obligación, es porque estoy cumpliendo un encargo que Dios me ha dado. En este caso, mi recompensa es la satisfacción de anunciar el evangelio sin cobrar nada; es decir, sin hacer valer mi derecho a vivir del anuncio del evangelio.

Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas. Cuando he estado entre los judíos me he vuelto como un judío, para ganarlos a ellos; es decir, que para ganar a los que viven bajo la ley de Moisés, yo mismo me he puesto bajo esa ley, aunque en realidad no estoy sujeto a ella. Por otra parte, para ganar a los que no viven bajo la ley de Moisés, me he vuelto como uno de ellos, aunque realmente estoy sujeto a la ley de Dios, ya que estoy bajo la ley de Cristo. Cuando he estado con los que son débiles en la fe, me he vuelto débil como uno de ellos, para ganarlos también. Es decir, me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos. Todo lo hago por el evangelio, para tener parte en el mismo.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

 

El Evangelio

San Marcos 1:29–39

X

El Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marco

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Cuando salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús, y él se acercó, y tomándola de la mano la levantó; al momento se le quitó la fiebre y comenzó a atenderlos.

Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron todos los enfermos y endemoniados a Jesús, y el pueblo entero se reunió a la puerta. Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente, y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran, porque ellos lo conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario. Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús, y cuando lo encontraron le dijeron: —Todos te están buscando.

Pero él les contestó: —Vamos a los otros lugares cercanos; también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido.

Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios.    

El Evangelio del Señor.

Te alabamos, Cristo Señor.

    Committed to Serving our Community in Christian Love
    All SAINTS' EPISCOPAL CHURCH
    144 South C Street | Oxnard, CA 93030 | Ph: (805) 483-2347 Fax: (805) 483-8357
    Office hours:  9- 5  Monday through Friday
    Horarios de oficina: 9 - 5  Lunes a Viernes