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Lecturas Dominicales 

Leccionario Dominical

Primer domingo de Adviento

Año A • Adviento 1

Isaías 2:1–5

Salmo 122

Romanos 13:11–14

San Mateo 24:36–44

La Colecta

Dios todopoderoso, danos gracia para despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos con las armas de la luz, ahora en esta vida mortal, en la cual Jesucristo tu Hijo, con gran humildad, vino a visitarnos; a fin de que en el día postrero, cuando vuelva con majestad gloriosa a juzgar a vivos y muertos, resucitemos a la vida inmortal; mediante él, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempreAmén.

Primera Lectura

Isaías 2:1–5

Lectura del Libro de Isaías

Éstas son las profecías que Isaías, hijo de Amós, recibió por revelación acerca de Judá y Jerusalén:

En los últimos tiempos quedará afirmado

el monte donde se halla el templo del Señor.

Será el monte más alto,

más alto que cualquier otro monte.

Todas las naciones vendrán a él;

pueblos numerosos llegarán, diciendo:

«Vengan, subamos al monte del Señor,

al templo del Dios de Jacob,

para que él nos enseñe sus caminos

y podamos andar por sus senderos.»

Porque de Sión saldrá la enseñanza del Señor,

de Jerusalén vendrá su palabra.

El Señor juzgará entre las naciones

y decidirá los pleitos de pueblos numerosos.

Ellos convertirán sus espadas en arados

y sus lanzas en hoces.

Ningún pueblo volverá a tomar las armas contra otro

ni a recibir instrucción para la guerra.

¡Vamos, pueblo de Jacob,

caminemos a la luz del Señor!

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

Salmo 122

Laetatus sum

1   Me alegré cuando me dijeron: *

         “Vamos a la casa del Señor”.

2   Ya están pisando nuestros pies *

         tus umbrales, oh Jerusalén.

3   Jerusalén está edificada *

         como ciudad bien unida entre sí.

4   Allá suben las tribus, las tribus del Señor,

      la asamblea de Israel, *

         para alabar el Nombre del Señor;

5   Porque allá están los tronos del juicio, *

         los tronos de la casa de David.

6   Oren por la paz de Jerusalén: *

         “Que prosperen los que te aman.

7   Haya paz dentro de tus muros, *

         sosiego dentro de tus ciudadelas.

8   Por amor de mis hermanos y mis compañeros, *

         digo de corazón: ‘La paz contigo’.

9   Por amor de la casa del Señor nuestro Dios, *

         buscaré hacerte el bien”.

La Epístola

Romanos 13:11–14

Lectura de la Carta a los Romanos

En todo esto tengan en cuenta el tiempo en que vivimos, y sepan que ya es hora de despertarnos del sueño. Porque nuestra salvación está más cerca ahora que al principio, cuando creímos en el mensaje. La noche está muy avanzada, y se acerca el día; por eso dejemos de hacer las cosas propias de la oscuridad y revistámonos de luz, como un soldado se reviste de su armadura. Actuemos con decencia, como en pleno día. No andemos en banquetes y borracheras, ni en inmoralidades y vicios, ni en discordias y envidias. Al contrario, revístanse ustedes del Señor Jesucristo, y no busquen satisfacer los malos deseos de la naturaleza humana.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

El Evangelio

San Mateo 24:36–44

X

El Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo.

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Jesús dijo a sus discípulos: «En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre.

»Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. En aquellos tiempos antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. En aquel momento, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado. De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra será dejada.

»Manténganse ustedes despiertos, porque no saben qué día va a venir su Señor. Pero sepan esto, que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto y no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar. Por eso, ustedes también estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.»

El Evangelio del Señor.

Te alabamos, Cristo Señor.

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