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Lecturas Dominicales 

Leccionario Dominical

La Colecta

Dios todopoderoso, danos gracia para despojarnos de las obras de las tinieblas y revestirnos con las armas de la luz, ahora en esta vida mortal, en la cual Jesucristo tu Hijo, con gran humildad, vino a visitarnos; a fin de que, en el día postrero, cuando vuelva con majestad gloriosa a juzgar a vivos y muertos, resucitemos a la vida inmortal; mediante él, quien vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre.  Amén.

Primera Lectura

Isaías 63:19b–64:8 DHH

Lectura del Libro de Isaías

Ojalá rasgaras el cielo y bajaras

haciendo temblar con tu presencia las montañas,

como cuando el fuego quema las zarzas

o hace hervir el agua.

Entonces tus enemigos conocerían tu nombre

y las naciones temblarían ante ti.

Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos,

cuando bajaste, las montañas temblaron ante ti.

Jamás se ha escuchado ni se ha visto

que haya otro dios fuera de ti

que haga tales cosas

en favor de los que en él confían.

Tú aceptas a quien hace el bien con alegría

y se acuerda de hacer lo que tú quieres.

Tú estás enojado porque hemos pecado;

desde hace mucho te hemos ofendido.

Todos nosotros somos como un hombre impuro;

todas nuestras buenas obras son como un trapo sucio;

todos hemos caído como hojas marchitas,

y nuestros crímenes nos arrastran como el viento.

No hay nadie que te invoque

ni se esfuerce por apoyarse en ti;

por eso te ocultaste de nosotros

y nos has abandonado por causa de nuestra maldad.

Sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre;

nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero;

¡todos fuimos hechos por ti mismo!

Señor, no te enojes demasiado

ni te acuerdes siempre de nuestros crímenes.

¡Mira que somos tu pueblo!

Palabra del Señor.  Demos gracias a Dios.

Salmo 80:1–7, 16–18 loc

1 Oh Pastor de Israel, escucha,

    tú que pastoreas a José como a un rebaño; *

      tú que te sientas sobre querubines, resplandece.

2 Ante Efraín, Benjamín y Manasés, *

      despierta tu poder, y ven a salvarnos.

3 Oh Dios de los Ejércitos, restáuranos; *

      haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

4 Señor Dios de los Ejércitos, *

      ¿hasta cuándo estarás airado, a pesar de las súplicas de tu pueblo?

5 Les diste de comer pan de lágrimas, *

      y a beber lágrimas en gran abundancia.

6 Nos pusiste por escarnio de nuestros vecinos, *

      y nuestros enemigos se burlan de nosotros.

7 Oh Dios de los Ejércitos, restáuranos; *

      haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

16   Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, *

      el hijo del hombre que para ti fortaleciste.

17   Por ello, nunca nos apartaremos de ti; *

      danos vida, para que invoquemos tu Nombre.

18   Señor Dios de los Ejércitos, restáuranos; *

      haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

Segunda Lectura

1 Corintios 1:3–9

Lectura de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios

Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo derramen sobre ustedes su gracia y su paz.

Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia que Dios ha derramado sobre ustedes por medio de Cristo Jesús. Pues por medio de él Dios les ha dado toda riqueza espiritual, así de palabra como de conocimiento, ya que el mensaje acerca de Cristo se estableció firmemente entre ustedes. De este modo no les falta ningún don de Dios mientras esperan el día en que aparezca nuestro Señor Jesucristo. Dios los mantendrá firmes hasta el fin, para que nadie pueda reprocharles nada cuando nuestro Señor Jesucristo regrese. Dios siempre cumple sus promesas, y él es quien los llamó a vivir en unión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.


 

El Evangelio

San Marcos 13:24–37

X

El Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marco

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Jesús dijo: «En aquellos días, pasado el tiempo de sufrimiento, el sol se oscurecerá, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir en las nubes con gran poder y gloria. Él mandará a los ángeles, y reunirá a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde el último rincón de la tierra hasta el último rincón del cielo.

»Aprendan esta enseñanza de la higuera: Cuando sus ramas se ponen tiernas, y brotan sus hojas, se dan cuenta ustedes de que ya el verano está cerca. De la misma manera, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Hijo del hombre ya está a la puerta. Les aseguro que todo esto sucederá antes que muera la gente de este tiempo. El cielo y la tierra dejarán de existir, pero mis palabras no dejarán de cumplirse.

»Pero en cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre.

»Por lo tanto, manténganse ustedes despiertos y vigilantes, porque no saben cuándo llegará el momento. Deben hacer como en el caso de un hombre que, estando a punto de irse a otro país, encargó a sus criados que le cuidaran la casa. A cada cual le dejó un trabajo, y ordenó al portero que vigilara. Manténganse ustedes despiertos, porque no saben cuándo va a llegar el señor de la casa, si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana; no sea que venga de repente y los encuentre durmiendo. Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡Manténganse despiertos!»

El Evangelio del Señor.     Te alabamos, Cristo Señor.

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