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Lecturas Dominicales 

Leccionario Dominical

Año C • Propio 13 • Semicontinuas

Oseas 11:1–11

Salmo 107:1–9, 43

Colosenses 3:1–11

San Lucas 12:13–21

La Colecta

Que tu constante misericordia purifique y defienda a tu Iglesia, oh Señor; y, puesto que no puede continuar en seguridad sin tu auxilio, protégela y dirígela siempre por tu bondad; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos.  Amén.

Primera Lectura

Oseas 11:1–11

Lectura del libro del profeta Oseas

Dice el Señor:

«Cuando el pueblo de Israel era niño, yo lo amaba;

a él, que era mi hijo, lo llamé de Egipto.

Pero cuanto más lo llamaba,

más se apartaba de mí.

Mi pueblo ofrecía sacrificios a los dioses falsos

y quemaba incienso a los ídolos.

Con todo, yo guié al pueblo de Efraín

y lo enseñé a caminar;

pero ellos no comprendieron que era yo quien los cuidaba.

Con lazos de ternura, con cuerdas de amor,

los atraje hacia mí;

los acerqué a mis mejillas

como si fueran niños de pecho;

me incliné a ellos para darles de comer,

pero ellos no quisieron volverse a mí.

Por eso tendrán que regresar a Egipto,

y Asiria reinará sobre ellos.

La espada caerá sobre sus ciudades

y acabará con sus fortalezas,

destruyéndolos a causa de los planes que hacen.

Mi pueblo persiste en estar alejado de mí;

gritan hacia lo alto, pero nadie los ayuda.

»¿Cómo podré dejarte, Efraín?

¿Cómo podré abandonarte, Israel?

¿Podré destruirte como destruí la ciudad de Admá,

o hacer contigo lo mismo que hice con Seboím?

¡Mi corazón está conmovido,

lleno de compasión por ti!

No actuaré según el ardor de mi ira:

no volveré a destruir a Efraín,

porque yo soy Dios, no hombre.

Yo soy el Santo, que estoy en medio de ti,

y no he venido a destruirte.»

Ellos seguirán al Señor,

y él rugirá como un león.

Rugirá, y los suyos

vendrán temblando de occidente.

«Como aves, vendrán temblando de Egipto;

vendrán de Asiria, como palomas;

y haré que habiten de nuevo en sus casas.

Yo, el Señor, lo afirmo.»

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

Salmo 107:1–9, 43

Confitemini Domino

1    Den gracias al Señor, porque es bueno, *

          porque para siempre es su misericordia.

2    Proclamen los redimidos del Señor *

          que él los redimió de la mano del enemigo.

3    El los recogió de entre todos los países, *

          del oriente y del occidente, del norte y del sur.

4    Algunos erraban por el desierto, *

          sin hallar camino a una ciudad en donde vivir.

5    Hambrientos y sedientos, *

          su alma desfallecía en ellos.

6    Entonces clamaron al Señor en su angustia, *

          y los libró de su aflicción.

7    Los dirigió por senda recta, *

          para que llegasen a una ciudad en donde vivir.

8    Que den gracias al Señor por su misericordia, *

          y las maravillas que hace por sus hijos;

9    Porque satisface a los sedientos, *

          y a los hambrientos los colma de bienes.

43   El sabio meditará sobre estas cosas, *

          y considerará bien la misericordia del Señor.

La Epístola

Colosenses 3:1–11

Lectura de la carta de San Pablo a los Colosenses

Por lo tanto, ya que ustedes han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes murieron, y Dios les tiene reservado el vivir con Cristo. Cristo mismo es la vida de ustedes. Cuando él aparezca, ustedes también aparecerán con él llenos de gloria.

Hagan, pues, morir todo lo que hay de terrenal en ustedes: que nadie cometa inmoralidades sexuales, ni haga cosas impuras, ni siga sus pasiones y malos deseos, ni se deje llevar por la avaricia (que es una forma de idolatría). Por estas cosas viene el terrible castigo de Dios sobre aquellos que no lo obedecen; y en su vida pasada ustedes las hacían. Pero ahora dejen todo eso: el enojo, la pasión, la maldad, los insultos y las palabras indecentes. No se mientan los unos a los otros, puesto que ya se han despojado de lo que antes eran y de las cosas que antes hacían, y se han revestido de la nueva naturaleza: la del nuevo hombre, que se va renovando a imagen de Dios, su Creador, para llegar a conocerlo plenamente. Ya no tiene importancia el ser griego o judío, el estar circuncidado o no estarlo, el ser extranjero, inculto, esclavo o libre, sino que Cristo es todo y está en todos.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

El Evangelio

San Lucas 12:13–21

X

Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Uno de entre la gente le dijo a Jesús: —Maestro, dile a mi hermano que me dé mi parte de la herencia.

Y Jesús le contestó: —Amigo, ¿quién me ha puesto sobre ustedes como juez o partidor?

También dijo: —Cuídense ustedes de toda avaricia; porque la vida no depende del poseer muchas cosas.

Entonces les contó esta parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras dieron una gran cosecha. El rico se puso a pensar: “¿Qué haré? No tengo dónde guardar mi cosecha.” Y se dijo: “Ya sé lo que voy a hacer. Derribaré mis graneros y levantaré otros más grandes, para guardar en ellos toda mi cosecha y todo lo que tengo. Luego me diré: Amigo, tienes muchas cosas guardadas para muchos años; descansa, come, bebe, goza de la vida.” Pero Dios le dijo: “Necio, esta misma noche perderás la vida, y lo que tienes guardado, ¿para quién será?” Así le pasa al hombre que amontona riquezas para sí mismo, pero es pobre delante de Dios.» 

El Evangelio del Señor.

Te alabamos, Cristo Señor.

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