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Lecturas Dominicales 

Leccionario Dominical

Tercer domingo de Adviento

Año A • Adviento 3 • Opción 1

Isaías 35:1–10

Salmo 146:4–9 loc

Santiago 5:7–10

Mateo 11:2–11

La Colecta

Suscita tu poder, oh Señor, y con gran potencia ven a nosotros; ya que estamos impedidos penosamente por nuestros pecados, haz que tu abundante gracia y misericordia nos ayuden y libren prontamente; por Jesucristo nuestro Señor, a quien contigo y el Espíritu Santo, sea el honor y la gloria, ahora y por siempre.  Amén.

Primera Lectura

Isaías 35:1–10

Lectura del Libro de Isaías

Que se alegre el desierto, tierra seca;

que se llene de alegría, que florezca,

que produzca flores como el lirio,

que se llene de gozo y alegría.

Dios lo va a hacer tan bello como el Líbano,

tan fértil como el Carmelo y el valle de Sarón.

Todos verán la gloria del Señor,

la majestad de nuestro Dios.

Fortalezcan a los débiles,

den valor a los cansados,

digan a los tímidos:

«¡Ánimo, no tengan miedo!

¡Aquí está su Dios para salvarlos,

y a sus enemigos los castigará como merecen!»

Entonces los ciegos verán

y los sordos oirán;

los lisiados saltarán como venados

y los mudos gritarán.

En el desierto, tierra seca,

brotará el agua a torrentes.

El desierto será un lago,

la tierra seca se llenará de manantiales.

Donde ahora viven los chacales,

crecerán cañas y juncos.

Y habrá allí una calzada

que se llamará «el camino sagrado».

Los que no estén purificados

no podrán pasar por él;

los necios no andarán por él.

Allí no habrá leones

ni se acercarán las fieras.

Por ese camino volverán los libertados,

los que el Señor ha redimido;

entrarán en Sión con cantos de alegría,

y siempre vivirán alegres.

Hallarán felicidad y dicha,

y desaparecerán el llanto y el dolor.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

 

Salmo 146:4–9 loc

Lauda, anima mea

   4    ¡Dichosos aquéllos cuya ayuda es el Dios de Jacob, *

               cuya esperanza está en el Señor su Dios!

   5    El cual hizo los cielos y la tierra,

         el mar, y cuanto en ellos hay, *

               que guarda su promesa para siempre;

   6    Que hace justicia a los oprimidos, *

               y da pan a los hambrientos.

   7    El Señor liberta a los cautivos;

         el Señor abre los ojos a los ciegos; *

               el Señor levanta a los caídos;

   8    El Señor ama a los justos;

         el Señor protege a los forasteros; *

               sostiene al huérfano y a la viuda,

               pero trastorna el camino de los malvados.

   9    Reinará el Señor para siempre, *

               tu Dios, oh Sión, de generación en generación.

               ¡Aleluya!

La Epístola

Santiago 5:7–10

Lectura de la Carta de Santiago

Pero ustedes, hermanos, tengan paciencia hasta que el Señor venga. El campesino que espera recoger la preciosa cosecha, tiene que aguardar con paciencia las temporadas de lluvia. Ustedes también tengan paciencia y manténganse firmes, porque muy pronto volverá el Señor.

Hermanos, no se quejen unos de otros, para que no sean juzgados; pues el Juez está ya a la puerta. Hermanos míos, tomen como ejemplo de sufrimiento y paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Palabra del Señor.

Demos gracias a Dios.

 

El Evangelio

San Mateo 11:2–11

X

El Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo.

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Juan, que estaba en la cárcel, tuvo noticias de lo que Cristo estaba haciendo. Entonces envió algunos de sus seguidores a que le preguntaran si él era de veras el que había de venir, o si debían esperar a otro.

Jesús les contestó: «Vayan y díganle a Juan lo que están viendo y oyendo. Cuéntenle que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos vuelven a la vida y a los pobres se les anuncia la buena noticia. ¡Y dichoso aquel que no encuentre en mí motivo de tropiezo!»

Cuando ellos se fueron, Jesús comenzó a hablar a la gente acerca de Juan, diciendo: «¿Qué salieron ustedes a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Y si no, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido lujosamente? Ustedes saben que los que se visten lujosamente están en las casas de los reyes. En fin, ¿a qué salieron? ¿A ver a un profeta? Sí, de veras, y a uno que es mucho más que profeta. Juan es aquel de quien dice la Escritura:

»“Yo envío mi mensajero delante de ti,

para que te prepare el camino.”

Les aseguro que, entre todos los hombres, ninguno ha sido más grande que Juan el Bautista; y, sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

El Evangelio del Señor.

Te alabamos, Cristo Señor.

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